miércoles, 12 de agosto de 2026

BAJO LA SOMBRA DE LA LUNA

Podremos ver cientos de fotos, así como  multitud de videos y reportajes tanto en televisión como en las redes sociales, pero la imagen en directo de la que hemos sido fieles testigos esta tarde durante unos tan efímeros como maravillosos 58 segundos, todas y cada una de las quince almas (+1)  que nos reunimos hoy en la terraza donde se ubica nuestro Observatorio Manises, será algo que difícilmente ninguno de nosotros podremos olvidar jamás.



Hasta el día de hoy, tanto mi hermano Luis como yo habíamos podido deleitarnos y disfrutar en multitud de ocasiones de muchas de las maravillas que nos ha ido ofreciendo el cosmos en el transcurso de todos estos años, eventos algunos de ellos que incluso también pudimos compartir con los familiares más allegados, eclipses anulares y parciales de sol, totales y parciales de luna, espectaculares cometas como fueron el Hyakutake en 1996 y Hale Boop en el 97, el tránsito de Venus atravesando la brillante esfera solar, nebulosas y galaxias de todo tipo, cientos de estrellas dobles y otros tantos y tantos objetos de diversa índole, al igual que destacadas lluvias de estrellas como aquella tan inolvidable como espectacular noche  en Villamarxant de las Leónidas del 18 de noviembre de 1999.

Pero siempre fuimos conscientes de que todavía nos faltaba “una muesca” observacional más, un evento que veníamos esperando desde mucho antes de la fundación del observatorio, ya que como es de suponer, en aquellos lejanos días del siglo pasado, ya éramos conocedores de que el ansiado eclipse de 2026 seria algo especial, sobre todo porque iba a “pasar por aquí”, por “la terreta” y en consecuencia ¡¡ por nuestro observatorio !!. 

Muchas han sido las ocasiones en las que surgió el tema y nos planteábamos cual sería la mejor opción en caso de una mala predicción meteorológica cuando llegase el día, buscando opciones a la hora de tener la necesidad de desplazarnos si no queríamos perdernos un evento tan especial como único, pero hace tan solo unos meses decidimos finalmente arriesgar y pensamos que el mejor lugar era este, nuestro habitual lugar de observación, cuyo emplazamiento se merecía con creces poder ser testigo directo de lo que con permiso de las nubes, en breve iba a acontecer, algo que para nuestro gozo y por fortuna hemos podido contemplar en todo su esplendor, y para aumentar la apuesta, decidimos que fuese en buena compañía.

Llegado el día y ante lo fugaz del evento, la larga experiencia observacional acumulada durante todos estos años nos ha enseñado muchas cosas, como por ejemplo que en ocasiones tan especiales y extraordinarias como ha sido esta, es mejor obviar las usuales técnicas de observación y registro tantas veces utilizadas, con la sencilla finalidad de poder “disfrutar a  lo grande”  de un momento tan único como irrepetible (al menos desde aquí en lo que nos resta de vida…), con la compañía adecuada, una buena cerveza fresquita en la mano y con la mejor óptica creada hasta el momento, nuestros ojos, eso sí, con la imprescindible protección de  unas gafas homologadas que nos filtrase adecuadamente la luz  y protegiese nuestras retinas en el transcurso del evento,  todo ello con el simple propósito de descartar la más mínima distracción cuando se aproximase el momento culmen del espectáculo que previsiblemente todo indicaba que íbamos a poder presenciar.

Dispusimos pues con tal de amenizar la tarde al personal que había confirmado su asistencia en esta calurosa tarde de agosto (35º a la sombra), la visita previa al interior del observatorio con la imagen del Sol a pié de ocular y además, unos prismáticos de gran formato (todo ello con filtros de protección en objetivos) y sobre todo, mucha bebida fresca para soportar a Lorenzo que apretaba de lo lindo. (no queríais sol y ausencia de nubes, pues ahí lo tenéis…)


La sombra lunar mordía el disco solar a eso de las 19:35, empezaba la fiesta y nos arremolinábamos en grupo comentando lo que ya veíamos cerca no sin cierto temor de que alguna que otra nube hiciese una repentina aparición y nos truncase la tarde, pero transcurrían los minutos y poco a poco el disco lunar seguía devorando sin piedad las manchas solares que a día de hoy se apreciaban en la superficie solar, avanzando a buen ritmo hasta que a eso de las 20:10 ya vislumbramos una notoria falta de luz ambiental que nos hizo pensar que todo iba bien, pero tan solo 9 minutos más tarde, la certeza de que nada iba a truncar nuestras expectativas se asentó con fuerza en nuestro ánimo y los comentarios diversos y nerviosos se hicieron patentes en todos y cada uno de nosotros. La luz ambiente seguía bajando cada vez más y el aspecto general resultaba extraño, casi lúgubre, con sombras de aspecto espectral a nuestro alrededor, y un color crepuscular diferente nunca antes visto que se apoderaba poco a poco de nuestro entorno. El momento del siglo estaba cerca.

Poco después, a las 20:32, alguien grita desde la parte superior de la terraza al resto de personal que se agrupaba a pié de terrado ¡¡ ya está aquí !! ¡¡ ya está aquí !! - 10 segundos;  vemos con emoción y sorpresa las perlas de Baily, dos o tres segundos más y el esperado anillo de diamante se muestra esplendoroso y sin ser totalmente conscientes, todos empezamos casi al unísono a levantar la voz…, ¡¡ preparados para poder quitarse las gafas durante 55 segundos   !!…y Voilá… la imagen más hermosa, casi indescriptible por su aspecto casi irreal de la corona solar, se presento poderosa ante nuestras atónitas retinas, erizándonos al mismo tiempo la piel y arrancándonos gritos de júbilo y sorpresa ante lo que podíamos vislumbrar en plenitud  a ojo desnudo. Aplausos múltiples y gritos de emoción y alegría se escaparon de nuestras gargantas a la par que nuestras atónitas miradas, observaban con avidez una imagen única,  algo mágico que afortunadamente hemos podido vivir en su máximo esplendor durante casi un minuto, y que además hemos podido compartir en compañía de nuestras familias y amigos, una visión que difícilmente como ya comentamos al inicio, nunca podremos olvidar.


Agradecer desde aquí y de todo corazón, la inestimable presencia de los familiares y amigos que nos han acompañado en tan señalada tarde (un par de ellos venidos desde Irlanda) y que han estado presentes, (Consuelo y Ana; Lourdes y Juanvi; Laura y Michael; Andrea y Carlos; Javier; Kike; Minerva y Hugo; Lisa y Colm; y también por qué no decirlo, el “gato Isidoro” (que tampoco se lo quiso perder como habreis visto en la primera foto. J) por haber compartido con nosotros un momento tan único y especial como el vivido en esta hermosa tarde de Agosto, un eclipse total del Sol que ha sido el primero de la denominada “trilogía española” ,la cual deseamos y esperamos poder igualmente contemplar en años venideros    ( 2027 eclipse de Sol total y 2028 eclipse de Sol anular).

Ojalá que el año próximo, podamos revivir de nuevo la emoción y el asombro de un momento tan especial y extraordinario como el vivido hace tan solo unas horas.

Luis y Salvador